El equilibrio perfecto entre Omega-3 y Omega-6, brindando multiples beneficios para la salud.

La chía (Salvia hispanica L.) es una planta anual de verano que pertenece a la familia de las Labiatae. Sus granos ovalados son de más o menos 2 milímetros de largo, de color negro o café oscuro y a veces blanco o gris. Esta especie se origina en las áreas montañosas que se extienden desde el oeste central de México hasta el norte de Guatemala.
La planta de Chía requiere un clima tropical o sub-tropical.

Semillas de chia como fuente de ácidos grasos esenciales en la nutrición humana

Las distintas organizaciones de la salud, que han aconsejado sobre el nivel necesario de consumo de ácidos grasos Omega-3 en relación con el consumo de ácidos grasos Omega-6, coinciden en que esta relación debe presentarse dentro de los limites que ambos tienen en la leche humana (n-6:n-3 de 5:1 aprox.). (Jesen R, 1996)
Las cantidades necesarias de ácidos grasos Omega-3 van a depender del ciclo de vida de cada persona, y de su estado fisiológico o patológico que pueden llevar a un aumento en las necesidades de ácidos grasos. Se estima en promedio que una ingesta del 1% de la energía total de ácidos grasos Omega-3 y un 4% de la energía total para los Omega-6 es necesaria (Ingesta recomendada -Tabla 1). El problema radica en que el contenido de ácidos grasos Omega-3 en nuestra alimentación es muy bajo, por lo que el consumo diario no alcanza a superar el 0.5% de la energía total.
De todas las fuentes de ácido grasos Omega-3, sólo el lino (Linum usitatissimum L.) y la chía (Salvia hispanica L.) tienen su origen en cultivos agrícolas. Ambas son especies vegetales con la mayor concentración de ácido graso alfa-linolénico (Tabla 2) conocida hasta la fecha (Ayerza, 1996, 1995; Coates y Ayerza, 1998,1996; Oomah y Kenasehuk, 1995). Estas semillas, fuentes de Omega-3, a menudo se utilizan molidas como ingrediente alimenticio, o en forma natural como suplemento dietético. En la Tabla 3 se incluye una comparación nutricional completa.

Porcentaje de Omega-3 en aceites vegetales

Campos de Chía

Las otras dos fuentes disponibles son de origen marino: las algas y el aceite de pescado. Ambas fuentes contienen ácidos grasos Omega-3 de cadena larga, DHA, y DHA y EPA respectivamente (Tabla 4). Al comparar la composición del aceite de las cuatro fuentes, se puede ver que las terrestres tienen un contenido mucho mayor de Omega-3 que las de origen marino (Tabla 5).

Las fuentes terrestres de Omega-3 muestran una ventaja muy importante sobre las fuentes de algas y pescado, debido a que contienen una cantidad de ácidos grasos saturados (miristico, palmítico y esteárico) significativamente inferior. El aceite de chía tiene un contenido de ácidos grasos saturados 2.8 y 5.1 veces menor que el aceite de menhaden (especie de róbalo) y de algas respectivamente (Tabla 5). Al comparar sólo el contenido total de palmítico y el mirítico, la chía tiene 3.3 y 7.1 veces menos cantidad que el aceite de menhaden y el de algas respectivamente (Tabla 4).

Otra consideración importante acerca de los aceites de pescado es que contienen colesterol puesto que son productos animales. Las cantidades varían con las especies. Por ejemplo, el contenido de colesterol para 100 gramos de aceite de sardina es de 710 mg, de aceite de salmón 485 mg, de aceite de menhaden, 521 mg, de aceite de arenque 766 mg y de aceite de hígado de bacalao 570 mg. (Unites States Department of Agriculture, 1999). Esto es importante, considerando que la chía, el lino y las algas no contienen colesterol porque son especies vegetales.

   

Los efectos benéficos del pescado han recibido mucha atención. Sin embargo, los ácidos grasos EPA y DHA son fácilmente peroxidados formando hidroperóxidos: Se cree que estos hidroperóxidos y sus productos de degradación secundaria son dañinos para las células. (Sugihara et al., 1994). El EPA y DHA se oxidan más rápidamente que los ácidos linoléico, alfa- linolénico y arachidónico, y se convierten en productos de oxidación tóxicos (Freese R, 1997). La evidencia científica muestra que tanto EPA como DHA pueden ejercer efectos benéficos en cuanto a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, sólo si la protección antioxidativa contra el estrés oxidante es suficiente para minimizar el daño peroxidativo de los tejidos lipídicos (Song et al., 2000).


Las semillas de chía contienen una cantidad de compuestos con potente actividad antioxidante: miricetina, quercetina, kaemperol, y ácido cafeíco. Estos compuestos son antioxidantes primarios y sinérgicos y contribuyen a la fuerte actividad antioxidante de la chía como fuente de Omega-3, elimina la necesidad de utilizar antioxidantes artificiales como las vitaminas. Se ha demostrado que las vitaminas antioxidantes anulan los efectos protectores de las drogas cardiovasculares (Brown et al., 2001). El problema de ingerir insuficientes antioxidantes desaparece con una mayor cantidad de alfa-linolénico de origen vegetal, lo que genera otra ventaja sobre los ácidos grasos Omega-3 provenientes de productos de pescados y algas (Simopoulos, 1999).

Otro inconveniente que suscita la recomendación de aumentar las cantidades de EPA como fuente de ácidos grasos Omega-3, son los posibles efectos inmunológicos adversos que resultan de las cantidades excesivas. Una cantidad de moderada a grande de EPA, puede disminuir la actividad del control natural de células (NK) en individuos saludables, aunque no ocurre lo mismo con el alfa-linolénico (Thies et al., 2001). Las células NK juegan un papel importante en la defensa local contra la infección viral y la inmuno-vigilancia contra las células de tumores (Lewis et al., 1992).

La cantidad de trabajos científicos informando acerca de las ventajas nutricionales de la chía, sobre las otras fuentes de Omega-3 y la comercialización de productos que la incluyen, están creciendo rápidamente alrededor del mundo. Se la utiliza como ingrediente para hacer pan, barras energéticas, suplementos dietéticos, en dietas de aves para producción de huevos y carne, y en dietas de vacas lecheras para producción de leche, entre otros. La ciencia moderna ofrece al mundo una nueva oportunidad de volver a los orígenes y mejorar la nutrición humana, suministrando una fuente natural de ácidos grasos Omega-3.

Bibliografía:
Chía: Redescubriendo un olvidado alimento de los aztecas.
Ricardo Ayerza (h.) y Wayne Coates
The University of Arizona Press
   
 
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